Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analíticas. Al continuar navegando aceptas nuestra Política de Cookies.

Aceptar

Ética y desarrollo

El Centro de Ética Aplicada analiza modelos y procesos sociales, políticos y económicos que promueven un desarrollo sostenible y socialmente justo. Investiga y propone alternativas de desarrollo en áreas como la explotación intensiva de recursos naturales no renovables.

¿Cómo contribuye la ética al desarrollo sostenible?

Según la definición clásica, el desarrollo sostenible es aquel que es capaz de satisfacer las necesidades de la humanidad sin poner en riesgo los recursos necesarios para el sostenimiento de las próximas generaciones. Esa formulación es todavía muy formal. Es necesario abordar cuáles son esas necesidades y con qué tipo de mecanismos y políticas se les da respuesta.

Podemos dar un paso más respecto al contenido del desarrollo. Hoy consideramos que el auténtico desarrollo incluye, como objetivo fundamental, que todas las personas alcancen mayores cotas de humanidad. Eso supone tener acceso a los recursos materiales necesarios para vivir una vida adecuada, ver reconocida su cultura y participar activamente en la construcción de la sociedad.

La ética aplicada analiza tanto la elección de los objetivos del desarrollo de un país o una región, como la manera en que estos objetivos se alcanzan. En ambos elementos hay en juego criterios éticos. No es igual tener como objetivo sociedades más igualitarias o más ricas. Tampoco es indiferente éticamente la manera en que se reparten los costos y beneficios de llegar a esos objetivos.

En diferentes proyectos de investigación, el Centro de Ética Aplicada ha analizado cómo la explotación de minerales e hidrocarburos contribuye, o no, a alcanzar objetivos de desarrollo en regiones de Perú, Colombia y Bolivia. La explotación intensiva de recursos naturales es vista frecuentemente como una gran oportunidad de desarrollo, sin embargo, numerosos países ricos en minerales no consiguen traducir las rentas mineras en bienestar para el conjunto de la población. La crisis ecológica ha puesto también en evidencia la necesidad de pensar en modelos de desarrollo menos intensivos en la explotación de estos recursos.